“Yo la amaba contra toda razón, contra toda promesa,
contra la paz, contra la esperanza, contra la felicidad,
Contra todo desánimo que pueda haber.
Sin embargo, la amaba porque lo sabía,
Y si no tuviera más influencia en contenerme,
que si la hubiera creído devotamente
ser la perfección humana.”
Charles Dickens en Grandes Esperanzas (1861)

 

El presente ensayo es un breve análisis de la Teoría de Estrategias Sexuales (SST, por sus siglas en inglés) en tres ejes principales: (i) la perspectiva etológica de la conducta sexual en humanos; (ii) las estrategias metodológicas de investigación que subyacen la consolidación de la teoría; (iii) los retos y nuevos horizontes para la investigación de preferencias de pareja.

En los siguientes párrafos, se presenta una aproximación etológica de la selección sexual y su convergencia con otras áreas disciplinares relacionadas, como la psicología evolutiva. En una segunda parte, se analiza la SST como una perspectiva integradora de conocimiento complejo sobre la selección sexual en humanos y por qué se considera la mejor teoría que existe hasta el momento sobre las estrategias de preferencias de pareja. Se finaliza haciendo una evaluación general de la teoría, su estado actual en materia de investigación y su contribución o aplicación a otras áreas disciplinares, las limitaciones que podría tener y nuevos ámbitos por explorar.

Este análisis está centrado en el artículo de “Mate Preferences and Their Behavioral Manifestations” (Buss & Schmitt, 2019) y complementado con publicaciones de revistas científicas especializadas extraídas de bases de datos como Science Direct, Springer Link, Wiley Online y Cambridge University Press.

Bases de la conducta sexual

De acuerdo con la teoría evolucionista, las especies utilizan estrategias y mecanismos competitivos de selección sexual, en ocasiones contradictorios por la inversión de gasto y aumento de riesgo que representan, pero que conducirían al éxito reproductivo y la permanencia del material genético del individuo en una siguiente generación (Darwin, 1859). Nosotros, como seres humanos, no estamos exentos de realizar costosos despliegues conductuales. Gracias a la etología y otras ciencias del comportamiento es que conocemos cada vez más sobre la función biológica y social de estrategias de selección sexual, así como de los factores que las moldean y por qué, en ocasiones, resultan tan costosas, aparentemente irracionales, y con resultados no siempre exitosos.

 

Pausa, tú que lees esto, y piensa por un momento
en la larga cadena de hierro u oro,
de espinas o flores, que nunca te habrían atado,
sino por la formación del primer enlace
en un día memorable.”

 

 

Desde la perspectiva de la etología, la selección sexual puede ser entendida considerando las cuatro dimensiones de Tinbergen. (Nótese que las preguntas de Tinbergen no son mutuamente excluyentes y en el presente escrito se consideran de manera integrada y con las recientes actualizaciones de orden semántico (Bateson & Laland, 2013).)

En el plano de la evolución o filogenia, la etología comparativa ha brindado múltiples hallazgos sobre de las fuerzas adaptativas que han contribuido para la generación de, por ejemplo, el dimorfismo sexual. Para el caso particular de la especie humana, el dimorfismo sexual a nivel físico no se ha considerado tan pronunciado, salvo en algunos aspectos que son comunes entre los mamíferos, tales como la fuerza física (ver revisión de McPherson & Chenoweth, 2012). Por otro lado, en las estrategias de selección en humanos, el dimorfismo sexual es uno de los aspectos más diferenciados en lo que concierne a la inversión del cuidado parental, que más adelante se discutirá.

En el plano de la función del mecanismo, que hace referencia a cómo se producen las características sexuales, se conocen algunos factores como la influencia de las hormonas (ver Salonia et al., 2010); dada la complejidad de la manifestación de los caracteres sexuales y las limitantes metodológicas para la investigación, muchas evidencias parten de estudios realizados en animales (e.g. Fusani, Barske, Day, Fuxjager, & Schlinger, 2014).

Sobre la dimensión del desarrollo en el individuo u ontogenia, que refiere a cómo operan los procesos conductuales en el individuo, se dice que es en este nivel donde los roles evolutivos son más activos. Esto significa que es en este plano donde intervienen factores psicológicos aprendidos y adquiridos a través de años de evolución y el individuo los ejecuta o no, permitiendo que sus acciones determinen la pauta conductual que sería heredada o aprendida por la siguiente generación.

La última dimensión de Tinbergen es la utilidad actual o significancia adaptativa, que es uno de los aspectos que más se discuten en materia de estudio de la etología humana y la psicología evolucionista, ya que redondea la pregunta final: ¿qué importancia tiene todo el despliegue conductual del individuo para encontrar pareja? En humanos, responder este cuestionamiento es cada vez más complejo en función de que la sociedad cambia rápidamente, las decisiones de los individuos son dependientes del contexto y la cultura tiene una influencia poderosa sobre el estado mental de los individuos (Duchaine, Cosmides, & Tooby, 2001).

En la psicología evolutiva afirma que “las preferencias de pareja no podrían haber evolucionado al menos que tengan consecuencias para el comportamiento actual” (Buss, 1992) y esta aproximación es muy importante pues integra factores culturales y evolutivos para estudiar la selección de pareja y sus consecuencias en la conducta humana. A partir de esta aproximación es que se ha propuesto la Teoría de Estrategias Sexuales por Buss y Schmitt (1993) y que se retoma en el artículo que es figura central de este escrito.

La Ciencia de la Elección de Pareja

Se le conoce como La Ciencia de Elección de Pareja a todo tipo de estrategia sobre el comportamiento humano cuyo fin sea encontrar pareja. Esta iniciativa tiene dos principales contribuyentes: la sabiduría popular y la investigación en evolución. En décadas anteriores, la principal aproximación científica era de índole psicológica, mientras que en nuestros días, la visión más actual es la Teoría de Estrategias Sexuales (SST), que resulta interesante porque identifica varios niveles de adaptación psicológica y dominios importantes para la selección de pareja, no totalmente ponderados en propuestas anteriores, como los sexuales (físicos, fisiológicos, etc.), económicos y sociales.

La consolidación de una buena teoría que explique un fenómeno tan complejo y cambiante, vulnerable al contexto, como lo es la selección sexual, no es sencillo. En el caso de la SST, su éxito y aceptación en la comunidad científica han sido años de trabajo sistemático y bases de conocimiento sólidas. Su estudio de las relaciones y preferencias de pareja ha contribuido no solo a conocer cómo se moldean las estrategias de pareja en el presente, sino también a entender la historia reproductiva de la especie humana. Esto ha requerido un amplio manejo de las teorías más fuertes en materia de evolución, esto es la teoría de Darwin de la selección natural y sexual, que se acopla a los fundamentos y metodologías de investigación etológica y que brinda varias posibilidades para indagar en un marco teórico y empírico de los beneficios evolutivos del despliegue de la conducta sexual.

La SST ha tenido el panorama de investigación amplio y, a la vez, específico. La SST estudia un fenómeno multicapa, por lo que el desarrollo de sus investigaciones son muy desafiantes pero suelen estar pensados de forma muy elegante, apegados a preguntas de investigación precisas que consideren la naturaleza de la conducta sexual humana, es decir, insertada en un entorno socio-cultural. Es así que los diseños de experimentos e hipótesis deben de ser de acuerdo a los objetivos de la investigación, pretender la eficacia de los modelos y estrategias de experimentación, estar abiertos a nuevos aprendizajes y buscar explicaciones en la literatura interdisciplinaria, con bases biológicas importantes.

La SST tiene 12 premisas principales (ver la revisión Buss & Schmitt, 2019) y dos ejes mayores: las estrategias de corto y largo plazo, que tienen su vértice en las diferencias sexuales de inversión parental. En este sentido, la SST tiene sustento en varias investigaciones para poner de manifiesto las diferencias que existen entre hombres y mujeres. Un aspecto que la SST considera, son los estándares de atracción, el lugar que ocupan en las preferencias por género y cómo estos factores interactúan con factores culturales, muchas veces mediáticos, para aumentar o disminuir el valor reproductivo. Esto converge con las investigaciones sobre la teoría de la belleza femenina y lo que se sabe de señales visuales que evolucionaron para resultar atractivos en materia de reproducción (e.g. Sugiyama, 2015).

Es interesante destacar que la SST tiene sus fundamentos no solo en bases empíricas de observaciones conductuales, sino que se han hecho varios esfuerzos para la realización de modelos matemáticos con este fin (Kokko, Jennions, & Brooks, 2006). La SST explora metodologías que se deben adaptar a los contextos de distintas culturas y pautas conductuales que moldean la estrategia de selección sexual, haciendo de la investigación en esta materia sea una especie de plataforma extremadamente rica y diversa en posibilidades, pero que a su vez genera mayores sesgos o limitaciones de validez interna y externa, requiriendo una demanda superior de la perspicacia del investigador. Tomemos como ejemplo las hipótesis de los buenos genesy de cambio de parejaen relación a las relaciones de corto plazo de las mujeres. Ambas tienen bases teóricas y conclusiones en común, pero toman caminos que son muy diferentes y sus hallazgos resultan más bien inclusivos y complementarios. Esta forma de integrar conocimiento de distintas posturas o vertientes de investigación, es lo que hace que la SST sea la teoría más ecléctica y versátil que se haya propuesto sobre selección sexual.

Lo anterior puede ser considerado como un punto favorable, pero también en su contra, al tener mayores fuentes de error o sesgos metodológicos, incluso, se puede pensar que se fuerza a la pregunta de investigación para tratar de explicar los orígenes evolutivos de ciertos comportamientos. Sin embargo, el discurso de los psicólogos evolucionistas es muy claro en sentido de que reconocen las limitaciones propias de la disciplina, de su alcance tecnológico y de los temas que aun se desconocen en materia de conocimiento de relaciones de pareja. Esta postura es, a mi parecer, consciente de que la ciencia y el conocimiento son como un ente cambiante y moldeable que crece y se adapta a la par del desarrollo cultural y tecnológico de la humanidad, dándole da un sentido humilde, sensato y centrado a las interpretaciones que se generan a partir de sus investigaciones.

Grandes Esperanzas para la SST

Las contribuciones hechas por Darwin en el campo de la selección sexual han sido muy valiosas desde una perspectiva teórica y varios investigadores han intentado superar la barrera de las bases empíricas, generando un exceso de modelos teóricos para explicar este fenómeno. Esto ha desencadenado múltiples propuestas de modelos matemáticos, sin lograr todavía un consenso científico importante (Jones & Ratterman, 2009; Kokko et al., 2006). Este punto es de particular atención dada la ferviente ola de disciplinas de estudio modernas, como las Ciencias de la Complejidad Social, en donde la aplicación de conocimientos flexibles e interdisciplinarios permitiría hacer estudios de la conducta sexual en humanos con la perspectiva de varios enfoques.

La SST predice y explica una gran variedad de observaciones conductuales de las estrategias de selección sexual. El artículo de Buss y Schmitt (2019) presenta una revisión de cómo ha avanzado desde su formulación y plantea nuevos horizontes para su desarrollo teórico con evidencias empíricas. Esto es muy oportuno, pues aun hay mucho por discutir sobre los mecanismos que subyacen a las teorías de selección sexual. Los seres humanos nos empeñamos en garantizar nuestro éxito reproductivo a través de la selección de pareja. Pero las fuerzas evolutivas y el cambio vertiginoso de la sociedad, el crecimiento demográfico y el desarrollo tecnológico generan entornos cada vez más complejos, con preferencias sexuales alternativas y conductas que van más allá de la pareja monógama tradicional de algunas sociedades, que solo resultan en una estresante prueba de creatividad para conseguir a la pareja ideal. ¿El origen de nuestra creatividad de estrategias sexuales va en búsqueda del éxito reproductivo o en la necesidad de encontrar un testigo de nuestras solitarias vidas (digamos, con amor o apego)?

Hay todavía varios aspectos que consolidar para la SST, principalmente en lo que se refiere a investigaciones multiculturales con muestras representativas y análisis de variables bien diseñados, por un lado. Por otro, el desarrollo de nuevas tecnologías tiene dos impactos mayores: uno, un incremento en el alcance de las estrategias metodológicas, esto es que con las tecnologías de la información se pueden hacer investigaciones masivas a nivel global y generar una gran base de datos de conducta sexual, considerando las validaciones correspondientes; y dos, que la innovación en robótica, realidad virtual y múltiples aplicaciones para dispositivos inteligentes, se va a generar un cambio no solo en las prioridades de selección de pareja, si no también a nivel cognitivo, lo cual generaría un cambio radical en las estrategias y más estudios serán requeridos para poner en evidencia las nuevas formas de seleccionar pareja. Asimismo, hay otro tipo de estudios relacionados más bien con la bioquímica de la selección de pareja, como la investigación del Complejo Mayor de Histocompatibilidad (MHS, por sus siglas en inglés) que pueden merecer posterior atención para enriquecer el saber sobre la conducta sexual de humanos y otras especies.

Es por esto que muchos investigadores tienen grandes aspiraciones en materia de la ciencia de la elección de pareja, debido a que la visión integradora del estudio de la conducta sexual por parte de la psicología evolucionara resulta de gran valor científico para la sociedad de hoy, pues permite entender los mecanismos que subyacen a la conducta humana en distintos niveles y aplicaciones, como formular teorías de salud sexual para el campo de la medicina, la psicología clínica o el desarrollo de nuevos fármacos que fomenten un óptimo desempeño sexual; a nivel social, podríamos hablar de mejoras en políticas organizacionales que garanticen un manejo igualitario de género para, por ejemplo, políticas de derechos de paternidad y mejores estrategias de estructura organizacional; en economía, se pueden hacer nuevos modelos de mercados que permitan diferenciar el comportamiento de la conducta sexual humana en base a las diferencias y similitudes, que fomentan, por ejemplo, el diseño de nuevos mercados y su aplicación para la implementación de nuevas tecnologías, como las aplicaciones de moda sobre mercados de pareja que exitosamente han proliferado. Incluso para aquellos curiosos de la literatura o el cine, permite entender por qué los personajes favoritos tienen comportamientos sexuales específicos, aunque vengan sesgados por la creatividad del autor.

Finalmente, creo que Buss fue muy perspicaz para referirse a la naturaleza de los mecanismos de preferencia al seleccionar el cliché “No entiendo de arte moderno, pero sé lo que me gusta”. Es decir, no entendemos por completo por qué elegimos a la pareja, solo sabemos que nos gusta. En un sentido más artístico, se diría que “el arte no es para entenderlo, sino para sentirlo”. La selección de pareja, por lo tanto, debería considerarse un arte.

Este ensayo fue revisado por la Dra. Ana María Fernández como parte del curso doctoral en Complejidad Social “Fundamentos Biológicos y Culturales del Comportamiento” de la Universidad de Desarrollo.

Foto de portada: Yessica Herrera. Arte: Prudence and the Game of Golf por Abigail O’Brien, RHA (Dublin, 2017).

Referencias citadas:

Bateson, P., & Laland, K. N. (2013). Tinbergen’s four questions: an appreciation and an update. Trends in Ecology & Evolution, 28(12), 712–718. https://doi.org/10.1016/j.tree.2013.09.013
Buss, D. M. (1992). Mate preference mechanisms: Consequences for partner choice and intrasexual competition. In The adapted mind:  Evolutionary psychology and the generation of culture(pp. 249–266). New York, NY, US: Oxford University Press.
Buss, D. M., & Schmitt, D. P. (1993). Sexual Strategies Theory: An evolutionary perspective on human mating. Psychological Review, 100(2), 204–232. https://doi.org/10.1037/0033-295X.100.2.204
Buss, D. M., & Schmitt, D. P. (2019). Mate Preferences and Their Behavioral Manifestations. Annual Review of Psychology, 70(1), null. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-010418-103408
Darwin, C. (1859). El origen de las especies(11aEdición, 4areimpresión, 2017, Vol. 385). México: Ed. Porrúa.
Dickens, C. (1860). Grandes Esperanzas(6aEdición (2004)). Barcelona, España: Editorial Juventud.
Duchaine, B., Cosmides, L., & Tooby, J. (2001). Evolutionary psychology and the brain. Current Opinion in Neurobiology, 11(2), 225–230. https://doi.org/10.1016/S0959-4388(00)00201-4
Fusani, L., Barske, J., Day, L. D., Fuxjager, M. J., & Schlinger, B. A. (2014). Physiological control of elaborate male courtship: Female choice for neuromuscular systems. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 46, 534–546. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2014.07.017
Jones, A. G., & Ratterman, N. L. (2009). Mate choice and sexual selection: What have we learned since Darwin? Proceedings of the National Academy of Sciences, 106(Supplement_1), 10001–10008. https://doi.org/10.1073/pnas.0901129106
Kokko, H., Jennions, M. D., & Brooks, R. (2006). Unifying and Testing Models of Sexual Selection. Annual Review of Ecology, Evolution, and Systematics, 37(1), 43–66. https://doi.org/10.1146/annurev.ecolsys.37.091305.110259
McPherson, F. J., & Chenoweth, P. J. (2012). Mammalian sexual dimorphism. Animal Reproduction Science, 131(3–4), 109–122. https://doi.org/10.1016/j.anireprosci.2012.02.007
Salonia, A., Giraldi, A., Chivers, M. L., Georgiadis, J. R., Levin, R., Maravilla, K. R., & McCarthy, M. M. (2010). Physiology of Women’s Sexual Function: Basic Knowledge and New Findings. The Journal of Sexual Medicine,7(8), 2637–2660. https://doi.org/10.1111/j.1743-6109.2010.01810.x
Sugiyama, L. S. (2015). Physical Attractiveness in Adaptationist Perspective. In D. M. Buss (Ed.), The Handbook of Evolutionary Psychology(pp. 292–343). Hoboken, NJ, USA: John Wiley & Sons, Inc. https://doi.org/10.1002/9780470939376.ch10

One thought on “Elección de Pareja y sus Manifestaciones Conductuales

  1. Las experiencias en el tema de la selección de pareja deberían ser sin duda, lecciones de gran valor adaptativo. Excelente ensayo Yessica. Saludos desde México.

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